
“Estas son nuestras armas”, gritan los manifestantes, alzando las palmas de las manos hacia el cielo. Se equivocan, nos equivocamos. Tenemos la palabra. Y tenemos medios para difundirla (facebook, twitter...).
La #spanishrevolution ya ha copado la portada de algunos diarios de prestigio como Washington Post o La Reppublica en Italia. Y amenaza con contagiarse por gran parte del mundo. Hoy era trendig topic el hastag #italianrevolution.
Como decía, tenemos el poder de transmitir la palabra. Es el poder en el que se ha asentado el de los políticos y los lobbies tradicionales. Ellos controlan los grandes medios de comunicación, por lo tanto ellos podían colocar sus mensajes en la opinión pública. Pero la manera en la que las personas se comunican ha cambiado también.
Hay una imagen clarificadora. Es la viñeta de El País del 18 de mayo. Pasará a la historia. Lo es por el ridículo espantoso de la Junta Electoral de Madrid (podemos coartar la libertad de voto¿?) Lo es porque hemos visto la torpeza con la que los políticos han querido encauzar esta revolución. Unos creen que es contra Zapatero, o eso quieren hacer creer. Otros simplemente quieren subirse al carro, diciendo que comparten la revolución. Otros directamente nos acusan de antidemocráticos, diciendo que si queremos cambiar el mundo utilicemos su vía democrática.
De lo que no se han dado cuenta es que su democracia no deja participar a la gente de a pie. Que se han llevado por delante el derecho a la participación ciudadana, y todas sus acciones las suscriben al balance que hagan los ciudadanos de su gestión, y de la traducción de estas acciones hacia las urnas.
Y también se ve cuando buscan una cabeza a la movilización. Aparte de las teorías conspiranoicas, muchas de las cuales deberían ser denunciadas por injurias, no se han parado a mirar, (ojo, los medios tampoco) que el posible nexo de unión entre un jubilado al que le recortan la pensión, un sindicalista cabreado por la poca representación de las bases en la política de los “representantes de los trabajadores”, un joven harto de cobrar 300 euros por 8 horas de trabajo, un parado que no puede ejercer su derecho a un trabajo digno y un largo etcétera de perfiles es la indignación. La rabia por un sistema que ha dejado de escuchar a las personas. Los políticos (y los partidos) hacen política desde un despacho analizando estadísticas, gráficas y encuestas. Y los ciudadanos no somos números.
Contra esto tenemos el arma de la palabra, y tenemos también el arma de que no pueden controlarnos. Y, evidentemente, estas armas son mucho más potentes que las manos de miles de personas que en toda España se han levantado contra sus ajados políticos.
La #spanishrevolution ya ha copado la portada de algunos diarios de prestigio como Washington Post o La Reppublica en Italia. Y amenaza con contagiarse por gran parte del mundo. Hoy era trendig topic el hastag #italianrevolution.
Como decía, tenemos el poder de transmitir la palabra. Es el poder en el que se ha asentado el de los políticos y los lobbies tradicionales. Ellos controlan los grandes medios de comunicación, por lo tanto ellos podían colocar sus mensajes en la opinión pública. Pero la manera en la que las personas se comunican ha cambiado también.
Hay una imagen clarificadora. Es la viñeta de El País del 18 de mayo. Pasará a la historia. Lo es por el ridículo espantoso de la Junta Electoral de Madrid (podemos coartar la libertad de voto¿?) Lo es porque hemos visto la torpeza con la que los políticos han querido encauzar esta revolución. Unos creen que es contra Zapatero, o eso quieren hacer creer. Otros simplemente quieren subirse al carro, diciendo que comparten la revolución. Otros directamente nos acusan de antidemocráticos, diciendo que si queremos cambiar el mundo utilicemos su vía democrática.
De lo que no se han dado cuenta es que su democracia no deja participar a la gente de a pie. Que se han llevado por delante el derecho a la participación ciudadana, y todas sus acciones las suscriben al balance que hagan los ciudadanos de su gestión, y de la traducción de estas acciones hacia las urnas.
Y también se ve cuando buscan una cabeza a la movilización. Aparte de las teorías conspiranoicas, muchas de las cuales deberían ser denunciadas por injurias, no se han parado a mirar, (ojo, los medios tampoco) que el posible nexo de unión entre un jubilado al que le recortan la pensión, un sindicalista cabreado por la poca representación de las bases en la política de los “representantes de los trabajadores”, un joven harto de cobrar 300 euros por 8 horas de trabajo, un parado que no puede ejercer su derecho a un trabajo digno y un largo etcétera de perfiles es la indignación. La rabia por un sistema que ha dejado de escuchar a las personas. Los políticos (y los partidos) hacen política desde un despacho analizando estadísticas, gráficas y encuestas. Y los ciudadanos no somos números.
Contra esto tenemos el arma de la palabra, y tenemos también el arma de que no pueden controlarnos. Y, evidentemente, estas armas son mucho más potentes que las manos de miles de personas que en toda España se han levantado contra sus ajados políticos.
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